En el artículo de hoy de All For Box Gym hablamos del calzado minimalista y el calzado convencional ¿Qué diferencias existen?

Cuando hablamos del calzado para correr podemos encontrarnos con varias corrientes. Durante décadas se ha visto la amortiguación en el calzado como un avance, tecnologías como la cámara de aire o espumas especiales han demostrado una reducción del impacto muy alta.

Por otra parte vemos una tendencia que cada vez va ganando más terreno. Hablamos nada más y nada menos del calzado minimalista. Según esta corriente los seres humanos estamos hechos para correr y no necesitamos elementos externos que nos den soporte. Las zapatillas con mucha amortiguación, lejos de ser una ayuda, simplemente pueden ser perjudiciales y conducir a lesiones, por lo que lo ideal son calzados planos, sin mucha diferencia entre la altura del talón y los dedos o directamente lo mejor sería correr descalzos.

Obviamente en ciertos deportes como el boxeo vemos un calzado específico que nos permite tener una buena técnica, mucha amortiguación en estos deportes puede reducir el rendimiento, en este caso vamos a hablar solo de la carrera.

Esta nueva corriente nos obligaría por tanto a volver a una mecánica de carrera más natural en el ser humano, haciendo que la primera parte que apoya en el suelo mientras corremos sea la parte delantera o el medio pie en lugar del talón.

Las marcas de zapatillas han explotado enormemente este nuevo sentido que se le está dando, sacando al mercado multitud de modelos de calzado minimalista.

Los partidarios de esta idea aseguran que es la mejor forma y que con ello se reducen una gran parte de las lesiones que tan comunmente se originan cuando corremos.

¿Cuánto hay de cierto en todo éstos?¿Realmente el calzado minimalista es más beneficioso?

Es cierto que la estructura del talón de aquiles y de la musculatura plantar nos permite usar de forma mucho más eficiente la energía cuando corremos que las estructuras que vemos en otros animales, lo cual parece indicar que estamos hechos y diseñados para correr. Otras estructuras similar puede ser el ligamento de la nuca que nos permite mirar hacia delante mientras rotamos el tronco, lo cual es imposible en muchos animales. La termorregulación a través del sudor es otro ejemplo más de lo mismo. Todo esto nos permite trabajar durante mucho más tiempo que cualquier otro mamifero, obviamente a una intensidad menor. No somos los más rápidos pero sí los más resistentes.

Un ejemplo pueden ser ciertas tribus cazadoras cuya estrategia consiste en perseguir a las presas hasta la extenuación. Estas poblaciones no suelen disponer de zapatillas muy modernas y en muchos casos usan simplemente unas sandalias. Incluso conocemos el caso del corredor etíope Abebe Bikila (en la foto), que ganó la maratón de Roma corriendo descalzo y batiendo 2 veces consecutivas el récord mundial de entonces.

En teoría la respuesta es sí, estamos hechos para correr descalzos. El problema viene cuando queremos extrapolar esto a una sociedad como la actual, con altos índices de sobrepeso y obesidad, un sedentarismo generalizado y creciente y con malas costumbres y hábitos alimentarios y deportivos. Si eres una persona que ha nacido en una sociedad como las tribus mencionadas y desde la infancia te han acostumbrado a correr sin calzado o con muy poco, lo más seguro es que tus estructuras articulares y musculares estén preparadas para ello. Sin embargo hoy en día, éste no suele ser el caso.

Además el terreno influye mucho, estamos diseñados para correr, pero para hacerlo en superficies de tierra, arena, plantas, etc. Hoy en día los suelos de asfalto o cemento son especialmente sólidos y requieren de amortiguación.

Por lo tanto desde aquí queremos mandar un mensaje de prudencia, debido a que, lejos de ser un beneficio, usar zapatillas minimalistas, puede causar muchas lesiones.

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